Te venden sistemas que no sabes si necesitas
Un proveedor te asegura que esa plataforma resuelve todo. No tienes forma de saber si es cierto, o si te está vendiendo lo que le conviene vender a él.
Para decidir sobre tecnología sin que te vendan humo
Te llegan propuestas de sistemas, licencias y nubes que no sabes evaluar, y firmas confiando en que el proveedor te está diciendo la verdad. El miedo real no es la tecnología: es comprometerte con un proveedor que después no puedes cuestionar, porque es el único que entiende cómo quedó armado todo. Consultoría TI es tener a alguien de tu lado antes de firmar, no después.
Esto es lo que suele pasar cuando alguien toma decisiones de tecnología sin tener a quién preguntarle: Cuando la decisión es de infraestructura, el trabajo concreto es arquitectura AWS.
Un proveedor te asegura que esa plataforma resuelve todo. No tienes forma de saber si es cierto, o si te está vendiendo lo que le conviene vender a él.
Es el único que entiende cómo quedó configurado tu sistema. Si te cobra de más o hace mal su trabajo, cambiarte de proveedor te sale más caro que quedarte.
Cada mejora suena necesaria cuando te la explica quien te la vende. Nadie te dice, sin interés de por medio, cuándo ya es suficiente.
La propuesta llega en un lenguaje técnico que no manejas, y la firmas confiando en que alguien más ya la revisó. Casi nunca es así.
No vendemos los sistemas que evaluamos: por eso podemos decirte la verdad aunque no te convenga a ti comprar nada.
Nos muestras la propuesta o cotización que te llegó y te decimos si el precio y el alcance tienen sentido para tu negocio, antes de comprometer la plata.
A diferencia de una auditoría, que es una revisión puntual, aquí seguimos disponibles conversación a conversación, mientras te van apareciendo nuevas decisiones.
Si una licencia, un sistema o una migración no te sirve todavía, te lo decimos aunque signifique menos venta para nosotros.
Traducimos lo que de verdad significa cada propuesta técnica: qué te compromete, qué te amarra y qué es letra chica disfrazada de característica.
Una propuesta que te llegó, una migración que te ofrecieron, un sistema que no sabes si conviene. Partimos por ahí, no por un diagnóstico genérico.
No recibimos comisión de ningún proveedor de software, nube o licencias. Miramos tu caso, no el interés de quien te vendió la propuesta.
Sí, no, o todavía no, explicado en simple y con la razón detrás. Tú decides qué hacer con eso.
No es un servicio de una sola vez: te acompañamos cada vez que aparece una decisión nueva de tecnología.
Revisa contigo, de forma independiente, las decisiones de tecnología que tienes encima: qué sistema comprar, qué proveedor elegir, si migrar o no a la nube. No vende licencias ni sistemas propios: te dice si lo que te ofrecen conviene, y cuándo lo correcto es no gastar.
La auditoría revisa tu tecnología actual y te entrega un informe con hallazgos, una vez. La consultoría te acompaña de forma continua en las decisiones que vas tomando después: qué comprar, qué proveedor elegir, si migrar o no. El orden natural es primero auditar y después acompañar, aunque no son excluyentes: puedes partir directo por la consultoría si lo que tienes es una decisión puntual.
No. No representamos a ningún proveedor de software, nube o licencias, y no recibimos comisión por lo que te recomendamos. Eso es justamente lo que nos permite decirte cuándo algo no conviene.
Sirve especialmente para eso. La consultoría existe para la persona que tiene que decidir sobre tecnología sin ser un experto, y necesita que alguien le traduzca la propuesta a lenguaje simple antes de firmar.
No tiene un plazo fijo, porque no es un proyecto con entrega única: te acompañamos mientras te vayan apareciendo decisiones de tecnología, y tú decides cuánto la necesitas.
Te lo decimos, y esa conversación se deriva a desarrollo de software a medida. La consultoría decide qué conviene hacer; no construye ella misma.
Si quieres entrar en detalle antes de escribirnos, acá está todo. Abre lo que te interese.
"Consultoría TI" y "consultoría informática" son la misma búsqueda dicha de dos formas: alguien que necesita ayuda para decidir sobre tecnología sin ser experto en el tema. No son dos servicios distintos, así que viven en la misma página.
Cubre decisiones típicas: elegir entre proveedores, evaluar una propuesta de software, decidir si conviene migrar a la nube, o entender qué tan necesaria es una licencia que te están vendiendo.
Son dos momentos distintos del mismo problema. La auditoría informática revisa lo que ya tienes —sistemas, respaldos, accesos, licencias— y te entrega un informe con hallazgos priorizados, una vez. La consultoría TI empieza donde termina la auditoría: te acompaña de forma continua en las decisiones que vienen después de leer ese informe, o en cualquier decisión de tecnología nueva que te aparezca, tenga o no relación con una auditoría previa.
El orden natural es auditar primero y consultar después, pero no es obligatorio: si ya sabes qué te preocupa y solo necesitas decidir algo puntual, puedes partir directo por la consultoría.
La consultoría TI no construye sistemas: decide, contigo, qué conviene construir, comprar o contratar. Si de una conversación de consultoría sale que lo que necesitas es un sistema propio, esa conversación se deriva a desarrollo de software a medida, que es quien lo construye.
Son dos servicios que se complementan y no se pisan: uno piensa la decisión, el otro la ejecuta.
No te vamos a garantizar el primer lugar en Google: nadie serio puede prometerte eso. Lo que sí garantizamos es cómo trabajamos contigo.
Tu dominio, tu hosting, tu tienda y tus cuentas de Google y Meta son tuyos desde el día uno. Si te vas, te llevas todo sin pedirle permiso a nadie.
Si algo que te entregamos falla por causa nuestra, lo reparamos sin costo durante los primeros 90 días. Después, lo que se rompe solo —un plugin que se actualiza, un hackeo, un cambio de la plataforma— lo vemos con mantención o se cotiza. Los cambios que pidas se cotizan antes.
Lo que firmas es lo que pagas. El trabajo extra lo apruebas antes de que exista: nunca te llega un cobro que no viste venir.
Sin permanencia ni multa. Avisas y se termina, con tus cosas en tu poder.
Muéstranos qué te están ofreciendo y te decimos, sin comisión de por medio, si conviene o no. Sin compromiso, y sin que después te persiga un vendedor.